viernes, abril 22, 2011

De barro

Me detengo y pienso,
No hay nada distinto a mi alrededor.
El cielo, las nubes,
la brisa que se lleva todos los gritos.

Hemos nacido del mismo sitio,
marcados en el mismo centro
y aún así, nos odiamos;
Nos insultamos al vernos.

No en la inocencia querida de la noche.

Ellos no vieron detrás de nadie,
nada que se pareciese al amor.
Ellos nos vieron delante de todos,
como piedras roídas en defectos.

Hemos nacido del mismo sitio,
marcados en el mismo centro
y aún así, nos odiamos;
Nos desangramos al tocarnos.

En pleno desierto se mueren los sueños,
a la mar se arrojan las miradas;
tú te quedas con el consuelo,
de no cambiar por nada.

La oscuridad en la piel es tu sello,
mi cielo en los ojos mi distintivo;
tú me miras y yo sonrío,
ellos nos miran y nos apuntan.

Rompiendo la inocencia de la noche.

Hemos nacido del mismo sitio,
marcados en el mismo centro.
Me bañan ríos rojos y manos suaves,
Te rodea mi piel clara, y a mí,
tus ojos negros.

Hemos nacido del mismo modo,
ensuciando el mismo suelo,
respirando el mismo aire...
¿Es mi piel tan importante?